Refugio y visibilidad

La municipalidad de Atenas tiene casi 700.000 habitantes y si se incluye la zona metropolitana, llega a los 4,5 millones. Según las cifras de hace pocos meses, había casi 10 mil refugiados alojados en Atenas de los ya 60.000 que se encuentran estancados en Grecia.

Aquí en la ciudad no hay campos de refugiados, los que existían hace pocos meses fueron derribados antes de que empezase el verano para preparar la época turística de Grecia, así que fueron trasladados fuera de la ciudad. Aun así, existen de manera casi incógnita, alojándose en hoteles abandonados, o en escuelas en ruinas. Un reportaje de hace poco relató que habitaban en uno de los estadios olímpicos del 2004 unas 3.000 personas refugiadas.

La mayoría de estos refugios se encuentran en el barrio de Exarchia, el corazón anárquico de Atenas, con gran fama independentista y anti-sistema. Son comunidades autoorganizadas, en las que se ven a niños jugando al fútbol en los patios de afuera y a hombres y mujeres fumando. La vida es aburrida, no solo en los campos, y el aburrimiento desespera. A pesar de que ocupen el mismo espacio geográfico que los demás residentes de Atenas, aún están segregados y excluidos de las comunidades locales en las que se ubican. Bajando la calle Acharnon en la cual se encuentra el Hotel City Plaza, si no te fijas bien, no les ves. Y sin verlos, se les puede ignorar.

La visibilización de los refugiados es increíblemente importante, y a pesar de las iniciativas sistemáticas de enclaustramiento y aislamiento, hay voces fuertes intentando que llegue la lucha de las personas refugiadas en Grecia al frente de la conciencia social. El arte ha sido un gran vehículo para transmitir estas historias. Es adecuado, ya que siendo la cuna de la cultura occidental, los griegos se apasionan por el arte y el teatro. Tuve la oportunidad de ver esta semana dos ejemplos: una exposición de fotógrafos griegos en el Museo de las Cícladas en colaboración con el famosísimo artista chino Ai Weiwei, y una obra teatral escrita y representada por actores sirios en el Centro de Cultura Onassis. Eran retratos muy diferentes, pero igual de impactantes.

Las fotografías se parecen mucho a las que se ven en las noticias internacionales: centenas de personas en la orilla del mar llegando a Grecia, cubiertas en mantas, niños llorando, caras de frío y desesperación. La obra de teatro se enfocó en la vida en Siria, relatando la vida cotidiana de una familia que no sabe si irse o quedarse. Son gente normal, sin mantas y sin chalecos, mostrando la cara humana e identificable que esos mismos refugiados de las fotos.

Es importante ver esas dos caras. Gente perdida en el mar, con madres pesadas que se preocupan demasiado, con ganas de buscar refugio, con ganas de escuchar música tecno a escondidas con sus novios, queriendo paz, y queriendo jugar al fútbol por las tardes. Y si no se ve, hay que conseguir la manera para que se vea.

Paloma Ellis

Exposición en Grecia

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