¿Qué tal Grecia?

Tuve la oportunidad, estos últimos días, de salir a cenar con la compañera que me trajo a Grecia. Frederieke ha pasado los últimos 14 meses en Grecia, 9 de ellos trabajando en la isla de Samos.  Samos, a parte de ser el lugar de nacimiento de Pitágoras, es una de las islas, que desde el principio de la crisis  ha recibido el mayor número de personas refugiadas. Según la policía griega, el número de refugiados y refugiadas ha alcanzado los 11.372 varados en el Egeo, casi 2.000 de ellos en Samos. Frederieke me contó que tras unos meses de respiro, con pocas llegadas, el número últimamente ha vuelto a incrementar. Al mismo tiempo, las condiciones en los campos van empeorando desde que se cerraron las fronteras con Macedonia en marzo, y desde que muchos de los campos originales fueron desmantelados con toda su existente infraestructura. Los últimos trece meses le han dado muchas historias que contar, y una noche es poco tiempo para contarme todos los detalles sobre cómo se desarrolló la situación en los campos a lo largo de este último año. Pero si me comentó,  que sus conversaciones con amigos y parientes han cambiado, y que ahora las comienza con un aviso.

Les advierte que es imposible tener una conversación “normal” después de contar las realidades que ha visto y que ha vivido. En fin, ha visto y ha vivido demasiado. Cualquier tema que siga será imbuido con una seriedad inevitable, de la cual muchas personas prefieren despreocuparse. Antes le preguntaban “¿Qué tal Grecia?”, ahora le preguntan “¿Qué tal estas tú?”, que suele tener una respuesta más agradable y digerible.

Me encuentro a veces en la misma situación, debatiendo cómo contestar a esa misma pregunta: “¿Qué tal Grecia?”. ¿Cómo se contesta una pregunta tan compleja de manera justa, y de manera que tu audiencia verdaderamente te oiga, especialmente cuando mucha gente se incomoda al oír estas realidades?

Hablar de Grecia es abrir una caja de Pandora llena de historias trágicas, críticas sistemáticas, fallos gubernamentales, fallos personales, análisis sociológicos y muchos suspiros de desesperación. Es imposible no ser un aguafiestas, o peor, identificar de manera indirecta faltas de acción por parte de los que nos preguntan sobre nuestro trabajo. Varias veces me he censurado.

Frederieke me comentó la falta de esperanza que sintió al ver la falta de acción internacional a principios de este año cuando. Cuando por primera vez salió a la luz el estado actual de los campos y de las personas refugiadas en Grecia, mantuvo tanta fe que la simple exposición a datos e imágenes podría conmover a la comunidad internacional. Pero han pasado meses, y la política se mantiene igual de paralizada, o peor. Aun así, creo que es increíblemente importante reaccionar a esta falta de acción, y combatirla iniciando estas conversaciones difíciles, haciendo preguntas difíciles. Dudo que en fin sea más importante apelar a la comodidad de los demás cuando la complacencia es una posible y seria consecuencia.

Frederieke llegó a Grecia como voluntaria y fue contratada hace pocos meses por la organización Stichting Bootvluchteling (la Fundación para Refugiados en Barco). La fundación está basada en Holanda y tiene poco empleados permanentes y funcionan a base de varios voluntarios y donaciones internacionales. Si te gustara contribuir o participar visita su página web: http://bootvluchteling.nl/en/

Paloma Ellis

Bootvluchteling

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