La historia de Rio Antonio Mavuba

La apatridia significa una vida sin documentos, sin atención médica y sin empleo legal. Una vida sin expectativas y escasas esperanzas. Sin embargo, existen ejemplos como el del futbolista Río Antonio Mavuba, que se convierten en una figura visible de la realidad que afrontan las más de 10 millones de personas en todo el mundo a las que se les niega una nacionalidad, y con ello sus derechos básicos.

Rio Mavuba nació en algún lugar indeterminado entre Angola y Francia, abordo de una patera repleta de personas que huían de la crudeza de la guerra civil angoleña (1977-2002). Era 1984, y los padres de Río no encontraron otra alternativa que la huida. Vivían en Angola, de donde era natural su madre, Therese. Allí se había asentado también el padre de Río, Ricky, nacido en Zaire (actual República Democrática del Congo). Este último, había sido un gran deportista en su país de origen donde había destacado practicando el mismo deporte que haría famoso a su hijo, el fútbol. Tanto era así que llegó a representar a su país en la Copa del Mundo de 1974, disputada en Alemania Occidental.

Sin embargo, diez años después las cosas eran muy distintas. La guerra civil se tornaba cada vez más cruenta. De hecho, el conflicto aún sigue vigente en la provincia de Cabinda. Como tantos africanos, los Mavuba embarcaron en una humilde embarcación para escapar de la guerra. Su destino: Francia. Su sueño: Una vida mejor. No solo para ellos, sino para su futuro vástago, aún en el vientre de Therese. El viaje fue duro, pero los Mavuba pudieron celebrar el nacimiento de su hijo Rio. Su embarcación fue capaz de alcanzar la costa francesa y desembarcaron en Marsella. Aún así, las cosas no iban a ser sencillas. Eran refugiados huyendo de una guerra. Y en el caso del pequeño Rio, era también apátrida. Al haber nacido en aguas internacionales no podía optar a ninguna nacionalidad. Tampoco, por el momento a la de su país de adopción. Además, pronto pasaría a ser huérfano tras el fallecimiento de sus padres.

Rio encontró en el fútbol una oportunidad. Su talento era evidente, así como su capacidad de esfuerzo. Con su trabajo fue capaz de entrar a formar parte de la academia del prestigioso Girondins de Burdeos. En 2003 logró debutar como profesional, todavía sin poseer la nacionalidad francesa, que no logró hasta 2005. Curiosamente, su condición de apátrida se convirtió en motivo de disputa entre Francia y la República Democrática del Congo. Ambos países querían reclutarlo para su selección nacional. Rio optó por Francia y, aunque representando unos colores distintos, logró al igual que su padre representar a su país en una Copa del Mundo de Fútbol.

Ahora tiene 32 años y disputa sus últimos años de fútbol en el Lille francés, donde es un respetado veterano que porta el brazalete de capitán. Pero a pesar de su nueva vida nunca ha olvidado sus orígenes. Ha colaborado activamente con organizaciones como ACNUR y ha fundado la asociación Huérfanos de Makala para ayudar a los niños huérfanos de la República Democrática del Congo. Tras tantas dificultades, Rio Mavuba ha alcanzado el éxito sin olvidarse de ayudar a los demás. Los apátridas también merecen su final feliz.

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