Hotel City Plaza (vol. II)

Los talleres del Hotel City Plaza han durado cuatro días y en cada tarde se ha tratado un tema diferente. Los testimonios de los habitantes refugiados y de voluntarios griegos (la mayoría anarquistas y partidarios de la ultra izquierda) que residen también en el City Plaza o en otros refugios parecidos en Atenas fue el siguiente tema.

Se habló en particular acerca de la importancia de la solidaridad como fuerza para promover el cambio, pero también los significantes obstáculos al que se enfrentan intentando crear comunidades sostenibles e igualitarias en tiempos de crisis.

Los problemas muchas veces son externos. Los recursos son escasos, especialmente cuando se hacen a base de donaciones y acciones caritativas y sin apoyo institucional. Han sufrido represalias por parte de las comunidades en las que se ubican. Por ejemplo la comunidad de Notara fue incendiada hace pocos meses con unos cócteles molotov anónimos (no hubo fallecidos ni heridos graves). Han intentado intervenir varias ONGs y cuerpos gubernamentales para subvertir su autonomía. Pero,  a pesar de haber abandonado el hotel hace años, la antigua dueña  también se ha quejado de los residentes que se alojan en el edificio.

coctel-molotov-en-grecia

Aun así, persisten los esfuerzos por identificarse como un movimiento solidario autónomo exigiendo derechos de educación, salud, protecciones en contra de la deportación de las personas refugiadas y la despenalización de los que solicitan refugio o asilo. Difunden su narrativa a través de eventos de sensibilización como el de la semana pasada, y nos piden que les apoyemos en sus causas y organizaciones, así como que sigamos promoviendo la defensa de los derechos.

Por otra parte,  también hay problemas internos. Tal y como mencioné en mi post de la semana pasada, la multiculturalidad siempre presenta dificultades de organización, lingüísticas, religiosas y culturales. Pero a veces los problemas son más simples. Hay personas que no se presentan a su turno de limpieza. En vez de cocinar el desayuno los fines de semana, algunos prefieren pasar una mañana de domingo durmiendo. Hay gente que por pura diferencia de personalidad no se llevan bien. En casos más extremos, hay individuos que han sido echados del City Plaza por acoso físico a uno de sus cohabitantes. Pero estas dificultades se compensan por la gran motivación de muchos de los habitantes del City Plaza, gente que ha adoptado funciones de liderazgo, y gente que se esfuerza por convivir en paz de manera efectiva y comprensiva.

En este sentido, el City Plaza es un microcosmos del mundo exterior: una composición de personas diferentes e imperfectas, necesitadas de ayuda, intentando retener un mínimo de humanidad. Ha habido muchas personas que han criticado el comportamiento de los refugiados y hay una gran expectativa exigiendo que los refugiados sean dóciles y que demuestren continuamente su gratitud por haber logrado escapar de los terrores de sus tierras natales. Que al estar mejor que antes, no se puede pedir más. Pero esta expectativa es injusta, y no reconoce la humanidad de los refugiados, su diversidad de experiencias, sus frustraciones, al igual que ignora que el ser humano sufre y reacciona al trauma de manera a veces impredecible. Al ser personas, los refugiados perfectos no existen, ni existirán, ni se les deberían negar la empatía y la ayuda por sus imperfecciones.

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