La violencia contra las mujeres y el tráfico de personas

A día de hoy, en el mundo más de 26 millones de mujeres necesitan de asistencia humanitaria, según datos de la ONU. Las mujeres migrantes y refugiadas son uno de los principales blancos de la violencia en el trayecto hacia sus países de destino. A pesar de que esta violencia es conocida, pocos son los mecanismos específicos que existen para combatirla.

Una de las expresiones más cruentas de esta violencia es el tráfico de personas. De las casi tres millones de personas que se ven afectadas por esta práctica, el 80% son mujeres y niñas que acaban siendo explotadas sexualmente y obligadas a ejercer la prostitución. La forma en la que estas mafias internacionales atrapan a las mujeres es diversa y varía según el lugar de origen de las mujeres. En algunos casos se engaña a las mujeres con falsas promesas. Se les ofrece un trabajo en buenas condiciones en el país de destino, y cuando llegan allí se ven obligadas a ejercer la prostitución. En otras ocasiones son las mafias que controlan la emigración las que chantajean a las mujeres con una supuesta deuda. Las mujeres, en busca de una vida mejor, deciden embarcarse en un viaje a Europa y al llegar son obligadas a prostituirse para saldar la deuda supuestamente adquirida en el viaje. A veces, son directamente secuestradas (o vendidas por su entorno) y obligadas a prostituirse a miles de kilómetros de su hogar.

En España, la situación es complicada. Por un lado, porque la situación geográfica del país lo convierte en una puerta de entrada para la inmigración. Por otro, porque España es el país europeo que más prostitución consume. No obstante, la prostitución y las drogas aportan más al PIB español que la investigación y desarrollo. Al igual que en el resto de la Unión Europea, la mayoría de mujeres atrapadas en redes de prostitución en España son europeas, procedentes de Rumanía y de Bulgaria. Aunque estos dos países no pertenezcan al espacio Schengen (no cumplen los requisitos de seguridad para ello) su situación geográfica permite que las mafias que operan en estos países tengan un acceso relativamente sencillo a otros países de la Unión. La presencia de las mafias de prostitución procedentes de Rumanía es notable en el Estado Español. Los testimonios de las supervivientes de estas mafias muestran la brutalidad con la que son tratadas estas mujeres.

Entre las mujeres no comunitarias obligadas a ejercer la prostitución en España, las procedentes de Nigeria son mayoría. En este caso, muchas son víctimas de las mismas mafias que les facilitan el viaje a Europa. Además, en el caso de las mujeres nigerianas, los explotadores se aprovechan incluso de sus creencias. Las mafias emplean ritos vudú para atemorizar a las mujeres y anular así su voluntad. De esta forma las mujeres no se atreven a denunciar la explotación y su situación se perpetúa.

La dura realidad a la que se enfrentan estas mujeres se agudiza debido a la doble estigmatización que sufren. Son inmigrantes y prostitutas y en muchas ocasiones no se les da la oportunidad de integrarse en las sociedades que las “acogen”. Además, los clientes se esfuerzan por ignorar que las mujeres a las que acuden están siendo explotadas. Aunque algunos estudios indican que el 20% de los varones españoles recurren a la prostitución, la mayoría no percibe que las mujeres estén siendo explotada. Algo que contradice la realidad. Mientras tanto, las mafias se siguen lucrando con el sufrimiento de mujeres que soñaron con una vida mejor en Europa y se toparon con una pesadilla.

Beñat Gutiérrez

 

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