Nueva cocina: Empoderamiento e integración a bocados

De los países occidentales, Canadá está siendo uno de los países más solidario con las personas refugiadas. A pesar de contar con estricta legislación en lo que se refiere a la inmigración, el país norteamericano ha acogido a 35.147 personas refugiadas procedentes de Siria, superando ampliamente el número que se había establecido. Para lograrlo, el Gobierno ha contado con capital privado para financiar los programas de bienvenida y asentamiento de refugiadas, y la colaboración de la sociedad civil canadiense. Las donaciones han llegado incluso de los sectores más solidarios de Estados Unidos que, ante la imposibilidad de apoyar programas efectivos en su país, han optado por contribuir a los programas privados canadienses.

Sin embargo, la parte más complicada es la integración de esas personas y una buena calidad de vida en su nuevo hogar. En ocasiones estas personas vienen con problemas de origen. En el caso de las mujeres sirias llegadas a Canadá, se ha observado que muchas de ellas se encuentran atrapadas en relaciones abusivas. Para ayudar a integrar a estas mujeres, han surgido diversos proyectos que tienen un denominador común: la gastronomía siria. Los dos más exitosos hasta el momento son Karam Kitchen, con sede en Hamilton, Ontario y Newcomer Kitchen, en Toronto. Aunque cada uno tiene sus propias características, los objetivos son siempre los mismos: empoderar a estas mujeres convirtiéndolas en económicamente independientes y ayudarlas a integrarse en la comunidad.

La idea del primero surgió cuando Brittani Farrington, una mujer de Hamilton muy implicada en la acogida de las refugiadas, decidió organizar una cena de bienvenida en su hogar. Un grupo de mujeres sirias le solicitó que, a modo de agradecimiento, las dejase cocinar con ella. La pasión mostrada por estas mujeres en la cocina y la calurosa acogida de sus platos hizo que Farrington les propusiese crear una empresa de catering. Ella se limitaría a asesorarlas en el proceso de creación y después serían ellas las que dirigirían la empresa. Aceptaron. Farrington creó un proyecto en la web de micromecenazgo Kickstarter para obtener el capital inicial. En menos de 24 horas ya habían logrado la mitad del dinero que necesitaban y poco después cumplieron su objetivo.  Había nacido Karam Kitchen. En la actualidad el negocio continúa creciendo, participan en él unas 20 mujeres, y la iniciativa está consiguiendo que éstas se sientan realizadas y construyan su propio espacio en su lugar de acogida.

Newcomer Kitchen nació con la misma vocación integradora. En un principio, un restaurante de Toronto dio la oportunidad a un grupo de refugiadas sirias de cocinar en sus instalaciones una vez por semana. Por aquel entonces las personas refugiadas vivían aún en hoteles y no tenían dónde cocinar. De esta forma, podían utilizar la cocina del restaurante como lugar de reunión y también para socializar con locales. Las mujeres se llevaban parte de la comida a sus casas y el resto se vendía en el restaurante (lo obtenido servía para cubrir gastos y dar una pequeña cantidad de dinero a cada participante). Pero fue tal el éxito de su cocina que Newcomer se ha convertido también en una empresa de catering dirigida y constituida por mujeres refugiadas. Ahora son unas 40 las que forman parte y todos los beneficios se distribuyen entre ellas. Han conseguido convertirse en el catering de eventos organizados por el Ayuntamiento de Toronto, y por si esto fuera poco, recaudan fondos para crear una fundación que trate de repetir esta experiencia en otras zonas de Canadá y del mundo.

Estas historias nos demuestran que a pesar del pesimismo imperante, hay formas que permiten la integración de las mujeres refugiadas y que, dándoles una oportunidad, estas pueden aportar mucho a las comunidades que les dan la bienvenida.

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8 de marzo, la importancia de seguir celebrándolo

Compartimos con vosotras y vosotros el texto que nuestra colaboradora Ane García ha realizado con motivo del Día Internacional de las Mujeres.

8 de marzo, la importancia de seguir celebrándolo

La realidad laboral de la mujer en Bizkaia revela la necesidad de seguir luchando a favor de la igualdad y el empoderamiento femenino

Manifestación 8 de marzo de 2016

 Manifestantes frente al teatro Arriaga.

19.30 h., 11ºC. Ya ha anochecido en Bilbao y jarrea. La mujer dirige su silla de ruedas hacia las puertas del teatro Arriaga mientras el agua escurre por su cazadora. Hace un día de perros, pero los principios y la dignidad no entienden de inclemencias meteorológicas.  Sus amigas la esperan pancartas en mano, todo está listo para salir. Arranca el recorrido. La masa inerte contempla desde la acera.

El 19 de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en EE UU, Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, un año después de que fuera proclamado por la Internacional Socialista. Tras más de un siglo de lucha a favor de la igualdad de género las estadísticas dan fiel reflejo del arduo trabajo que aún queda por hacer. Los datos oficiales y algunos testimonios que se mostrarán a continuación corroboran que en Bizkaia también existe brecha laboral.

 El origen de la celebración es fruto de diversos acontecimientos. Según la escritora Ana Isabel Álvarez González hay una enorme confusión en la historiografía feminista española, la cual vincula el origen de la celebración del 8 de marzo  al incendio ocurrido en aquella fecha de 1908 en la fábrica textil Cotton de Nueva York. Las obreras estaban en el interior declaradas en huelga y el propietario encerró y  prendió fuego al inmueble. Fallecieron 129 mujeres. Si se acude al calendario puede comprobarse que aquel día era domingo. Fecha peculiar para celebrar una huelga, era el día de libre de las empleadas.

En la historiografía estadounidense en cambio, el mito gira en torno a una manifestación de obreras del sector textil celebrada según algunas versiones el 8 de marzo de 1857 y según otras el 8 de marzo de 1908. La historiadora Renée Côte indagó en los archivos de las universidades más prestigiosas de EE UU y Europa y no encontró documento alguno que confirmara tales hechos. Por su parte, la historiadora norteamericana Mari Jo Buhle, estudió el incendio de la Triangle Shirtwaist Company en 1911 -con el que también se relaciona la celebración- por ocasionar la muerte a las mujeres que en 1910 protagonizaron la primera huelga llevada a cabo exclusivamente por mujeres. Se negaron a trabajar durante 13 semanas para reivindicar mejoras en su situación laboral. La autora sostiene que el incendio tuvo lugar en realidad el 25 de marzo y no el 8 como se cree.

 La Triangle Shirtwaist Company estaba situada en los tres pisos superiores de un edificio de madera y tenía graves deficiencias en materia de seguridad. En la fábrica trabajaban más de quinientos empleados, la mayoría chicas inmigrantes entre los 16 y 21 años. En el noveno piso por ejemplo trabajaban 270 empleadas hacinadas en filas paralelas, con 15 máquinas de coser cada una. Delante situada su respectiva empleada, pisando el pedal que marcaría el compás del hilo musical omnipresente durante sus 52 horas semanales de trabajo. En el juicio posterior se demostró que el incendio lo provocó un trabajador en un descuido, al arrojar una cerilla cerca de un amasijo de telas. El fuego se propagó rápidamente y cuando las jóvenes quisieron huir se encontraron las puertas cerradas. Muchas no dudaron en lanzarse por las ventanas antes de padecer la voracidad de las llamas. Murieron 146  trabajadoras. El suceso conmocionó al país y provocó una fuerte marea sindical. Las calles se llenaron de movilizaciones de protesta y denuncias hacia los abusos de los empresarios. La tragedia facilitó cambios en la legislación y mejoras en la situación laboral de la mujer a partir de 1933 bajo el mandato de Franklin Roosvelt.

Magdalena Suárez presidenta de ‘Mujer Siglo XXI, asociación de mujeres profesionales y empresarias’ muestra una visión crítica de la realidad de la mujer en la empresa privada. Con más de veinte años de trabajo por cuenta ajena a sus espaldas y gracias a su cargo en la asociación conoce de primera mano los avatares en el día a día de las mujeres profesionales. La brecha salarial, los empleos feminizados y el techo de cristal son puntos que preocupan a Suárez, afirma que <<se puede acceder a un trabajo siendo mujer u hombre y aparentemente no van a discriminarte, el problema está luego en las posibilidades que tengas de mejorar dentro de tu trabajo, de tener un salario acorde con tu preparación, etc>>.

Es rotunda en cuanto a las dificultades de la mujer para desarrollar su carrera profesional: <<Son muy pocas las que pueden llegar y lo curioso es que hay un sector de mujeres que alcanza puestos de relevancia que se olvida del resto>>, lamenta. <<Tienen que aprovechar esa posición de poder para ayudar al resto, y eso no se está haciendo>>. Asimismo, denuncia la escasa conciliación familiar existente: << A nivel estatal aún estamos muy por detrás de la media europea>>

Según un informe de Eustat de 2013 sobre las rentas principales en los hogares de la CAV,  3,97 mujeres entre 100 y 5,53 hombres de cada 100 percibieron un salario bruto anual de entre 33.000 y 36.000 Euros. Cuanto mayor es la renta mayor es la brecha salarial: 2,99 de cada 100 mujeres y 4,91 de cada 100 hombres obtuvieron un salario igual o mayor a los 102.000 Euros.

En la empresa pública la situación es más favorable para la mujer. La agente municipal  A.R. asegura que nunca se ha sentido discriminada por ser mujer ni por sus compañeros ni por sus superiores, pero que no ha conocido ninguna mujer en cargos de responsabilidad en las 4 comisarías por las que ha pasado. Explica que el baremo de las pruebas físicas a es distinto para hombres y para mujeres y que ella lo considera lógico, ya que <<la fuerza física de una mujer es diferente a la de un hombre>>.

Su experiencia de 8 años le confirma que los ciudadanos respetan por igual a un hombre que a una mujer uniformada. Al escuchar la palabra maternidad lamenta que en su caso y en el del resto de compañeras <<ha sido una desventaja>>. Comenta que cuando estás embarazada no hay ningún puesto en el que puedan estar que no sea la calle o los turnos de mañana, tarde y noche y que a la hora de conciliar la vida laboral y la familiar << no te facilitan las cosas>>.

Marta Macho en su despacho de la UPV

Marta Macho en su despacho de la UPV

Marta Macho es otra cara de la empresa pública, matemática apasionada de su trabajo y con 30 años de experiencia en su mochila profesional, es el claro ejemplo de docente vocacional. En la puerta de su despacho dan la bienvenida minibiografías de mujeres científicas, para muchos desconocidas. Además de enseñar y divulgar la profesora también es editora del Blog ‘Mujeres con Ciencia’, uno de los cuatro blogs de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV, a través de la que difunde la historia de las mujeres científicas, la historia obviada en los libros de texto.

Marta explica que el mundo de la Ciencia es un mundo de hombres: <<He vivido situaciones machistas, pero estoy bastante bien considerada en mi puesto porque trabajo duro y me tienen mucho respeto>>, afirma. Explica que es una mujer un poco extraña porque le dirían cosas que no le dicen porque la respetan como trabajadora. <<Eso ha provocado que mi situación no sea tan dramática como las de otras mujeres>>, admite. Reconoce que protesta mucho en foros y reuniones, <<soy la ‘tocapelotas’ de turno>>, señala y tiene claro que si no fuera una mujer tan <<reinvindicativa>> la hubieran machacado mucho más.

Lamenta que el trabajo de las mujeres se desprecia con facilidad: <<En el día a día aguantas muchas tonterías, el otro día me hicieron una entrevista en Deia y he tenido que aguantar el ‘salías muy guapa’ de turno. Todo el mundo es coqueto y quiere salir bien, pero ese comentario no se lo hacen a un hombre>>. Su carrera está muy feminizada, no tanto las ingenierías o la Física. Según el último informe del Ministerio de Igualdad las mujeres matriculadas en Ingeniería y Arquitectura sólo representan el 26,14 % del alumnado.

Marta afirma que en matemáticas hay muchas mujeres en el aula, pero que en investigación las cosas cambian: <<Tienes 25 años, vas a un congreso de 70 personas, tienes que contar algo y estáis tú y otras tres mujeres. Te tratan con benevolencia, te hacen comentarios que no tenían que hacerte, es incómodo>>, señala.  <<Luego están los micromachismos…>>, concluye, lo que Luis Bonino define como las prácticas de dominación masculina cotidianas e imperceptibles que se dan en el orden de lo`micro´.

El informe de 2015 de Emakunde revela que desde el año 2006 los contratos más precarios del mercado laboral los realizan mujeres. Karmele Jaio su responsable de prensa  explica que está demostrado que en los trabajos feminizados se cobra menos. <<Muchas mujeres se ven obligadas a reducir sus jornadas para el cuidado de hijos y familiares, reduciendo así sus ingresos>>, añade. <<También hay casos implícitos donde se les paga menos>>. El 73,2 % de las personas que trabajan sin contrato son mujeres y más del 80 % de la población ocupada en la CAE con jornada parcial es mujer. En 2013 los ingresos medios de las mujeres fueron 7.000 € más bajos que los de los hombres. Se intenta averiguar si las empresas dictan consignas machistas a las ETTs a la hora de contratar, pero las dos principales – Adecco y Randstad- se niegan a hablar con prensa.

España contribuyó con un total de 3.549.010 dólares a la Organización ONU Mujeres, organización de Naciones Unidas encargada de promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

¿Y tú para quién bailas? Autoestima y desigualdad

Nuestra compañera Keren Manzano, escritora, feminista interseccional y colaboradora en Píkara Magazine, reflexiona sobre la autoestima y el necesario empoderamiento de las mujeres para combatir el sentimiento de culpa y frustración infundado por la sociedad androcéntrica en la que vivimos.

Hace unos días me puse en estado de alerta cuando una compañera me dijo que tenía la autoestima por los suelos. “¿Por qué me siento así, si lo he hecho todo bien?” -me preguntaba. Ella cumple con todos los requisitos sociales que definen a la ‘mujer de éxito’, no solo porque encarna a la ‘buena mujer’ sino también a la ‘tía buena’. Es trabajadora, económicamente independiente, viste a la última moda, lleva a diario un maquillaje natural de ese que parece que vas con la cara lavada y, además, saca tiempo para perfeccionar sus habilidades con el pilates. Parece una businesswoman en potencia y, sin embargo, se siente como Bridget Jones.

Mi amiga me contaba lo frustrante que le resulta no encontrar pareja y me preguntó si creía que aprendiendo a bailar la danza del vientre lograría estar más en sintonía con su sensualidad para atraer a la pareja ideal. Yo la miraba y pensaba en los reproches que me hago siempre a mí misma por no ser nunca suficiente. Y, de repente, agolpándose en mi cabeza, aparecieron cientos de voces de tantas y tantas mujeres que a diario tiran tierra sobre su propio tejado: “Soy un desastre, no me cunde la faena”, “he vuelto a pecar con el chocolate, el lunes empiezo la dieta”, “no quiero exigir demasiado con el sueldo, después de todo, hay gente que cobra menos”. Parece un camino de auto-sacrificio para la expiación. Pero, ¿de qué culpa tenemos que liberarnos?

Vivir en un mundo androcéntrico y patriarcal daña la autoestima de las mujeres. Aspiramos a la realización personal en una realidad pautada con condiciones, prácticas y experiencias opresivas y desiguales. Y la autoestima se construye a partir de esas experiencias. Es la forma como vivimos, cómo percibimos nuestro cuerpo, nuestro estar en el mundo, las expectativas que hay con respecto a nosotras. En esas condiciones de desigualdad, la autoestima es también desigual, no universal, como se nos dice.

Solo hay que observar con un poco de atención, porque los privilegios se huelen de lejos. Yo los veo hasta en el modo de ocupar el espacio. Frente a los hombres que desparraman su cuerpo sobre las sillas invadiendo todo el espacio, las mujeres que conozco encogen su cuerpo hacia adentro, quizás para dejar más lugar a quienes hay a su alrededor. Así no pueden desarrollarse ni construirse desde sí mismas.

Odio mi empleo pero, ¿a dónde voy yo?”, las voces siguen sacudiendo mi mente y pienso en las veces en las que me he conformado por no valorarme lo suficiente, en el miedo que siento al emprender cualquier reto, en la timidez, en la dependencia que tengo con respecto a los demás. Desde ahí, es aún más difícil enfrentarse a una realidad de discriminación, subordinación, rechazo, descalificaciones y, a veces, violencia. “Si al menos tuviera a alguien al lado…” -pensamos, a veces. La respuesta no tarda en llegar: “Tranquila, seguro que encontrarás a alguien, con lo mona que eres” -te dicen.

Incompletas por definición, seres creados para los otros, la autoestima de las mujeres viene dada por los demás, pero aun así, algunas voces insisten: “¿si no te quieres a ti misma, quién te va a querer?”

Las soluciones corrientes para la autoestima se centran en cambiar a las mujeres en vez de cambiar el mundo. Modifica tu imagen, tus hábitos, mejora tu autocontrol, cambia tu comportamiento… hay que trabajar duro para alcanzar el éxito. Como si tener o no autoestima dependiera exclusivamente de la voluntad de tenerla.

Sin embargo, ya hay mujeres que, conscientes de esta realidad, construyen su autoestima de forma individual y colectiva, fuera de los requerimientos del sistema androcéntrico. Lo llaman empoderamiento y lo practican satisfaciendo sus necesidades, defendiendo su sentido de vida, centrándose en su crecimiento personal y en sus placeres. Estas mujeres aman lo que son y su amor propio es peligroso porque transgrede el orden hegemónico que prohíbe tal autoestima a las mujeres. Dicen, también, que la autoestima es política.

Creo que, después de todo, sí se qué respuesta darle a mi amiga: “Está muy bien que aprendas a bailar la danza del vientre, pero antes pregúntate para quién bailas”.

No te olvides de quererte