El jurado de Dame 1 minuto de Refugio

  • Unai García. Técnico de cooperación al desarrollo del Ayuntamiento de Getxo. 
    Unai García

    Unai García

     

  • Begoña Atín. Productora Ejecutiva New Digital Media Euskadi.

 

Begoña Atín

Begoña Atín

 

  • Juan Carlos Vázquez. Director de la ONG para el desarrollo KCD.

 

Juan Carlos Vázquez

Juan Carlos Vázquez

  • Aizpea Goenaga. Actriz, escritora y guionista.

 

Ahizpea Goenaga

Ahizpea Goenaga

 

  • Aritz Galarza.  Productor ejecutivo y programador en EITB.

 

Aritz Galarza

Aritz Galarza

 

  • Rosabel Argote. Responsable de CEAR, Comisión de Ayuda al Refugiado en Vitoria.

 

Rosabel Argote

Rosabel Argote

 

  • Unai Aranzadi. Realizador y periodista especializado en conflictos armados y derechos humanos.

 

Unai Aranzadi

Unai Aranzadi

 

  • Claudia Emmanuel Laredo. Técnica de Inmigración del Área de Igualdad, Cooperación y Ciudadanía del Ayuntamiento de Bilbao.

 

Claudia Emmanuel Laredo

Claudia Emmanuel Laredo

 

  • Itziar Mena. Directora de EIKEN, Clúster Audiovisual de Euskadi.

 

Itziar Mena

Itziar Mena

El jurado de Dame 1 Minuto de Refugio

El jurado de Dame 1 Minuto de Refugio

Mujeres refugiadas | Women refugees

Según a la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), alrededor del 50% de las personas refugiadas son mujeres y niñas, lo que significa que hay 10,65 millones de las que 1 de cada 5 han sufrido abuso sexual. Las mujeres refugiadas sufren éste y otros tipos de violencia en los países de los que huyen y en los campos de refugiados.

La violencia contra las mujeres es utilizada como arma de guerra, ya que a ojos de los soldados, los ataques hacia las mujeres de una comunidad desmoraliza a la población. Las niñas en la región de Darfur en Sudán, por ejemplo, fueron víctimas de violaciones con 7 u 8 años porque cuanto menor sean las víctimas más repercusión tienen los ataques. En países como Timor Oriental, Kosovo,y Ruanda, diez mil chicas han sufrido repetidos abusos sexuales y se han quedado embarazadas, lo que implica un gran estigma para ellas.

En estas comunidades, el denominado “Crimen de Honor” aumenta debido a las guerras. El “Crimen de Honor” se lleva a cabo cuando una mujer de la familia ha perdido su “virtud” por una violación o por una relación no aprobada. Es asesinada o repudiada por sus familiares para restaurar el honor familiar. Los abusos que se comenten contra ellas  no se denuncian para esconder lo sucedido.

crimenes-de-honor

Estos abusos son cometidos por parte de guerrilleros e incluso pacificadores de la ONU. La secretaria de la ONU ha recibido 105 alegaciones en países como Timor Oriental, Nepal, Chad, y Bosnia, y 45% de las alegaciones incluyen sexo con menores, y un 15% abusos sexuales a mujeres.

Las mujeres refugiadas temen a los traficantes ya que tratan de forzarlas y les ofrecen prostituirse a cambio de una rebaja en los precios del viaje. Según Amnistía Internacional las mujeres refugiadas se sienten víctimas porque estos traficantes se aprovechan de su situación desesperada. Los traficantes ofrecen a las mujeres refugiadas sirias acceso a los botes a cambio de sexo, la preocupación va en aumento porque el 34% de las personas que llegaron a Europa por mar en Octubre 2015 fueron mujeres y niños.

Aparte de la explotación sexual de los traficantes, las  mujeres refugiadas tienen el riesgo de ser violadas durante el viaje de transición. Según a Vincent Cochetel, el director del departamento de ACNUR en Europa, muchas mujeres refugiadas se casaron para sentirse protegidas, y comenzaron a tomar anticonceptivos por el miedo a las violaciones.

Cuando las mujeres llegan a los campos de refugiados, la violencia continúa.  Los campos están mal iluminados y corren el riesgo de ser asaltadas. Además, los servicios higiénicos son comunes y no se pueden cerrar con llave. El miedo de asalto y acoso no termina aquí. En los campos de refugiados la comida se cocina con fuego, pero la leña no es accesible para los refugiados.

Recolectar la leña es considerado una tarea de las mujeres lo que en los campos de refugiados, es un riesgo más para ellas. A veces, las mujeres viajan 10 kilómetros cuando hay muy poca leña, lo que supone que sufran deshidratación. Durante estos viajes, se enfrentan a situaciones de acoso y asaltos. En Darfur, por ejemplo, es común que vayan acompañadas por militares o personal de seguridad para sentirse protegidas. Los acosadores no son castigados por los delitos cometidos.

Las mujeres refugiadas de África se enfrentan a otras violencias como la Mutilación Genital Femenina (MGF), también conocida como la circuncisión de las mujeres. La Mutilación Genital Femenina consiste en extraer quirúrgicamente una parte, o todo el clítoris y otras partes de los genitales para que no sientan placer durante las relaciones sexuales. La mayoría de las operaciones se hacen sin analgésicos porque el dolor es una parte del ritual. Pero esta operación tiene muchos riesgos para las mujeres ya que pueden sufrir hemorragias, infección, sexo doloroso, tétanos, etc. Aunque la MGF se ha criminalizado internacionalmente por la ONU, se sigue practicando todavía en muchos campos de refugiados ya que es considerada como una protección para la fidelidad y virginidad de las mujeres, además de mejorar la conveniencia en el matrimonio. No es una elección de las mujeres ya que a veces son obligadas o lo hacen para evitar los riesgos de desprecio y rechazo en el entorno familiar. En muchos campos refugiados donde sigue ocurriendo la ONU provee recursos educativos sobre los efectos dañinos que tiene sobre la vida de estas mujeres. En algunos casos estos recursos han sido efectivos y el número de mutilaciones se ha reducido.

En la mayoría de los campos la falta de educación es otro problema, especialmente para las mujeres. Solamente el 6% de estudiantes refugiados continúan con sus estudios de secundaria y la asistencia de las mujeres es la más baja. Por ejemplo, en Kenia, solamente el 18% de las mujeres refugiadas continúan la escuela secundaria. Dejan de acudir a clase por el peligro que les supone el camino hasta el colegio y el riesgo de ir, ya que la mayoría de los profesores son hombres y a veces, ellos les piden favores sexuales a cambio de las notas y materiales escolares básicos.

Cuando las mujeres refugiadas se hacen mayores, las razones por las que dejan de ir al colegio son otras, por ejemplo la menstruación ya que no tienen posibilidad de ir al baño. Alrededor de 30 países Africanos han documentado que la mayoría de las escuelas no tienen facilidades para ellas. En las zonas conflictos en mundo, se estima que alrededor de 10 millones chicas no están en escuela.

Para disminuir el número de agresiones, la ACNUR ha creado una estrategia llamada Edad, Género, y Diversidad. Cada año, grupos de trabajadores van a los campos de refugiados y escuchan a los que solicitan asilo político y buscan soluciones. A través de las tasaciones, la ACNUR identifica las injusticias y los problemas de protección que sufren las mujeres. Esta estrategia promueve el empoderamiento de las mujeres y se aseguran de que participen en la planificación, implementación, y evaluación en los campos.

Además, la ACNUR ha creado guías para la prevención y respuestas a la violencia de género. Ofrecen consejos funcionales y dirigen actividades diariamente con el objetivo de reducir los riesgos.

Mientras la ACNUR empieza hacer algo sobre la violencia de género, se necesita más acción por parte de las organizaciónes y la ciudadanía para mejorar el futuro de las mujeres refugiadas. Cada persona merece una oportunidad para sentirse segura y una educación.

Lydia Castillo

Women refugees

According to the UN Refugee Agency, around 50% of refugees are women and girls, which means that there are around 10,65 million women and children who classify as refugees within the world.

Among these numbers, 1 in 5 refugees or displaced women have experienced sexual violence. Women refugees experience this and other kinds of gender-based violence within the countries they flee from and the refugee camps they seek sanctuary in.

Gender-based violence occurs in countries sometimes as a strategic device in war. In the eyes of soldiers, attacking females among a community demoralizes an entire population. These soldiers set out to attack women and young girls, sometimes younger “the better”.  Girls in the Darfur region of Sudan, for example, are as young as 7 or 8 when they become victims. In countries like East Timor, Kosovo, and Rwanda, tens of thousands of girls have suffered from trauma due to being repeatedly raped and forcibly impregnated by soldiers.

Within these communities, “Honor Killings” increase dramatically due to wartime. “Honor Killings” is when a family kills sisters or daughters who have lost their “virtue” through rape or consensual, non-approved relationships. They are killed in order to regain the family’s honor, however, for those who are not killed, families will usually not report the sexual assault to authorities or seek medical attention for injuries from the assault.

Even UN peacekeepers who set out to help refugees and globally displaced women and girls have been found guilty of abusing them. A UN Secretariat received 105 allegations from countries like East Timor, Nepal, Chad, and Bosnia, where 45% of the allegations had to do with sex with minors, and 15% of sexual assault among women.

Women refugees must also worry about smugglers in between borders. Many smugglers try to coerce refugees to have sex with them in exchange for shorter waiting times or a lower price for crossing. According to Amnesty, refugee women feel victimized by these smugglers when they are in desperate situations. With Syrian refugees, many smugglers offer access to boats in exchange for sex, and there is international concern for this since 34% of people who arrived to Europe by sea in October 2015 were women and children.

Besides exploitation from smugglers, women refugees face the risk of rape along the journey to salvation. According to Vincent Cochetel, the director of UNHCR’s bureau for Europe, many marry out of desperation for protection and others start contraceptives out of fear of being raped.

When female refugees finally reach refugee camps, gender-based violence still continues. Many camps are poorly lit and young girls and women are at risk of assault at night. Despite requirements for separate, marked, and lockable toilets, this is not always enforced. This violation raises the risk of sexual assault for females and many choose to eat and drink less to prevent attacks.

The fear of assault and harassment does not end there. In refugee camps, the food given out usually requires to be cooked with a fire, however, firewood is not often available to refugees. Collecting firewood is considered a women’s job in refugee camps that are within developing countries, and women are at further risk during these times. Some women travel as far as six miles when firewood becomes scarce, and then face dehydration. During these long trips, female refugees also face harassment and assault. In Darfur, for example, it is common for women to be targeted by military and security officials who know these women will not have protection. It is rare for perpetrators to be persecuted and the risks never end.

For refugee women within Africa, sometimes they face gender-based violence like Female Genital Mutilation (FGM), also known as female circumcision. Female Genital Mutilation is when a women goes through an operation that removes part of, or all of a woman’s clitoris and other parts of genitalia that are believed to cause pleasure during intercourse. Most operations are done without painkillers because pain is a part of the ritual. Some risks of FGM are: hemorrhaging, infection, painful sex, tetanus, etc. Although FGM has been criminalized internationally by the UN, FGM is still practiced in many African refugee camps. People see the operation as insurance for a woman’s fidelity and virginity, as well as enhancing the desirability of a girl for marriage. Many young girls and women do not have a say if they receive this operation and many adhere just to avoid the risk of scorn and rejection from others. In many refugee camps where FGM occurs, the UN provides education about the harmful effects. In the UN and other international humanitarian agencies, refugees can become peer educators and discourage other refugees to practice FGM. So far, Ethiopia and refugee camps within the country has been successful with lowering the numbers of FGM cases.

In most refugee camps, lack of education is another issue, especially for young girls. Only 6% of refugee students continue to secondary school and girls’ enrollment remains even lower. In Kenya, only 18% of refugee girls continue to secondary school. Refugee girls are less likely to go to school due to many safety issues. Most of the schools available to refugees are outside of the camps and girls are vulnerable to sexual harassment during the long walks to/from school. Also, refugee girls are at risk of sexual harassment within the school. Most teachers are male and ask for sexual favors in exchange for grades and basic school items.

As refugee girls grow older, they stop attending school for other reasons. When young girls start their menstrual period, they drop out of school due to poor facilities. Around 30 African countries have documented that most schools do not have private toilet facilities and most girls will not attend since they do not have a way to take care of their personal hygiene. Among the world’s conflict zones, it is estimated that around 10 million girls are not in school.

In order to lower the rate of gender-based violence, the UNHCR has created the Age, Gender and Diversity (AGD) strategy. Every year, groups go to refugee camps and listen to refugees/asylum seekers about problems within the camp and possible solutions. Through these annual participatory assessments, the UNHCR aims to identify gender inequalities and protection gaps of female refugees. This strategy also promotes women empowerment and ensures that they can participate in the planning, implementation, monitoring and evaluation of the problems within the camp.

In addition to this, the UNHCR has developed a set of guidelines for the prevention and response to gender-based violence (SGBV). They offer practical advice to refugee camps on how to create strategies and carry out daily activities that lower risks for female refugees.

While the UNHCR is starting to take action against gender-based violence, more action must be taken in the future for refugee woman and young girls. Every person deserves a chance for safe living quarters and an education without restraint. With more focus on women refugees, their risks of assault and harassment can be lowered.

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La violencia contra las mujeres y el tráfico de personas

A día de hoy, en el mundo más de 26 millones de mujeres necesitan de asistencia humanitaria, según datos de la ONU. Las mujeres migrantes y refugiadas son uno de los principales blancos de la violencia en el trayecto hacia sus países de destino. A pesar de que esta violencia es conocida, pocos son los mecanismos específicos que existen para combatirla.

Una de las expresiones más cruentas de esta violencia es el tráfico de personas. De las casi tres millones de personas que se ven afectadas por esta práctica, el 80% son mujeres y niñas que acaban siendo explotadas sexualmente y obligadas a ejercer la prostitución. La forma en la que estas mafias internacionales atrapan a las mujeres es diversa y varía según el lugar de origen de las mujeres. En algunos casos se engaña a las mujeres con falsas promesas. Se les ofrece un trabajo en buenas condiciones en el país de destino, y cuando llegan allí se ven obligadas a ejercer la prostitución. En otras ocasiones son las mafias que controlan la emigración las que chantajean a las mujeres con una supuesta deuda. Las mujeres, en busca de una vida mejor, deciden embarcarse en un viaje a Europa y al llegar son obligadas a prostituirse para saldar la deuda supuestamente adquirida en el viaje. A veces, son directamente secuestradas (o vendidas por su entorno) y obligadas a prostituirse a miles de kilómetros de su hogar.

En España, la situación es complicada. Por un lado, porque la situación geográfica del país lo convierte en una puerta de entrada para la inmigración. Por otro, porque España es el país europeo que más prostitución consume. No obstante, la prostitución y las drogas aportan más al PIB español que la investigación y desarrollo. Al igual que en el resto de la Unión Europea, la mayoría de mujeres atrapadas en redes de prostitución en España son europeas, procedentes de Rumanía y de Bulgaria. Aunque estos dos países no pertenezcan al espacio Schengen (no cumplen los requisitos de seguridad para ello) su situación geográfica permite que las mafias que operan en estos países tengan un acceso relativamente sencillo a otros países de la Unión. La presencia de las mafias de prostitución procedentes de Rumanía es notable en el Estado Español. Los testimonios de las supervivientes de estas mafias muestran la brutalidad con la que son tratadas estas mujeres.

Entre las mujeres no comunitarias obligadas a ejercer la prostitución en España, las procedentes de Nigeria son mayoría. En este caso, muchas son víctimas de las mismas mafias que les facilitan el viaje a Europa. Además, en el caso de las mujeres nigerianas, los explotadores se aprovechan incluso de sus creencias. Las mafias emplean ritos vudú para atemorizar a las mujeres y anular así su voluntad. De esta forma las mujeres no se atreven a denunciar la explotación y su situación se perpetúa.

La dura realidad a la que se enfrentan estas mujeres se agudiza debido a la doble estigmatización que sufren. Son inmigrantes y prostitutas y en muchas ocasiones no se les da la oportunidad de integrarse en las sociedades que las “acogen”. Además, los clientes se esfuerzan por ignorar que las mujeres a las que acuden están siendo explotadas. Aunque algunos estudios indican que el 20% de los varones españoles recurren a la prostitución, la mayoría no percibe que las mujeres estén siendo explotada. Algo que contradice la realidad. Mientras tanto, las mafias se siguen lucrando con el sufrimiento de mujeres que soñaron con una vida mejor en Europa y se toparon con una pesadilla.

Beñat Gutiérrez

 

#Dame1minutode y las refugiadas LGTB

¿Qué significa ser una persona LGTB? Las iniciales LGBT se refieren a Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales. Estas personas solicitan la condición de refugiadas porque en sus países de nacimiento existen leyes que persiguen la homosexualidad, son víctimas de diferentes tipos de violencia y están perseguidas por su orientación sexual.

Según el artículo 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.”

Por ello, la comunidad LGBT no debe ser criminalizada. Sin embargo, en muchos países sus derechos básicos son vulnerados.

Actualmente hay 77 estados que tienen leyes en contra de las parejas del mismo sexo y existen países en los que se les practica la esterilización y operaciones quirúrgicas sin su consentimiento. Los riesgos a los que están expuestas las personas refugiadas LGTB son: restricciones para acceder a un puesto de trabajo, a una vivienda, a los servicios médicos; se les niega el asilo; pueden perder la custodia de sus hijas e hijos, son sometidas a abusos sexuales; torturas; amenazas, violencias; y en los casos más graves penas de cárcel y muerte.

Uno de los países donde esta comunidad está penada es en Siria, se considera un delito y se les castiga con al menos tres años de cárcel. Muchas personas homosexuales sirias huyen a Europa, pero la violencia que sufren no se acaba al huir de su país de origen, ya que en los campos de refugiados también son acosados y perseguidos. Muchos de los casos no están registrados, pero el problema es tan grave que por ejemplo en  Berlín ha inaugurado el primer centro para personas refugiadas LGTB.

En 2014 se aprobó en Uganda una ley anti-homosexualidad, lo que ha provocado que muchas personas huyan del país. La ley incluye delitos y castigos como éstos:

  • Cadena perpetua por mantener relaciones sexuales con una persona del mismo sexo.
  • Cadena perpetua para la “homosexualidad agravada” que incluye sexo con menores o con personas VIH positivos.
  • Cadena perpetua para los matrimonio del mismo sexo.
  • 7 años de cárcel para “la intención de cometer homosexualidad”.
  • De 5 a 7 años de cárcel, una multa de 50.000€, o ambos, por la promoción de la homosexualidad .
  • 7 años de cárcel para los directores de negocios u organizaciones que promuevan la homosexualidad.

A causa de esta polémica ley, Uganda ha recibo críticas de muchos países. Estados Unidos, por ejemplo, ha respondido negando el acceso a su territorio a los oficiales de Uganda que hayan violado los derechos humanos.

La ley finalmente ha sido anulada, sin embargo, siguen existiendo hostilidades hacia la comunidad LGTB. Se estima que hay 500 ugandeses homosexuales que huyeron a Kenia. Pero, el Departamento de Estado de EE.UU, afirma que es muy difícil estimar el número exacto de personas que huyeron porque podrían haberse trasladado a otros lugares de África.

Han surgido muchas organizaciones sin ánimo de lucro para ayudarles en los países donde está penalizado. Una de ellas es la Organización para el Refugio, el Asilo, y la Migración que se encuentra en San Francisco (EE.UU) y que ayuda a los refugiados LGTB que huyen de Turquía. Allí les ayudan con el visado y les acompañan en su adaptación en EE.UU.

Jewish Family and Community Services (JFCS) se dedica a ayudarles en su reasentamiento y afirman que han recogido a más de 60 personas refugiadas desde 2011, a las que ayudan proporcionándoles terapias especiales, viviendas temporales con una familia de acogida y soporte legal.

E.E.U.U. es un país que ha promovido los derechos de las personas LGTB en todo el mundo. En 2014, el Departamento de Estado desarrolló un programa de formación para agentes del orden en Colombia, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, y México con el objetivo de combatir los crímenes de odio. También promovió el Violent Crimes Task Force en Honduras, un proyecto que investiga la persecución de casos de homicidios contra personas LGTB. Entre enero del 2013 y marzo del 2014 se estima que al menos 594 personas del colectivo han sido asesinadas en toda América. Según una investigación realizada por Inter-American Commission on Human Rights, además 176 personas fueron agredidas. El 24 junio de 2014, la Casa Blanca albergó el primer foro en el mundo en defensa de los derechos de las personas LGTB.

Lydia Castillo

#Giveme1minute for LGBT refugees around the world

What makes a refugee a part of the LGBT community? LGBT stands for Lesbians, Gays, Bisexuals, and Transgender people. These people can become refugees from anti-homosexual laws and violence that causes them to flee their home country.

According to Article 16 in the Universal Declaration of Human Rights (UDHR), “Men and women of full age, without any limitation due to race, nationality or religion, have the right to marry and to found a family. They are entitled to equal rights as to marriage, during marriage and at its dissolution.” Based off this article from the UN, people within the LGBT community should not be criminalized for their homosexuality or for being transgender. However, in many states, basic human rights for this group of people is not possible.

Currently, there are 77 states where consensual same-sex relations are criminalized and some countries even subject transgender people to surgeries and/or sterilization without their consent. The risks that LGBT refugees face are the following: execution by state; denial of employment, housing or medical services; loss of child custody; denial of asylum; sexual assault; torture; violent threats; and jail.

The most recent LGBT refugee problem has been occurring with Syria. In this country, homosexuality is considered a crime and can be punishable by at least 3 years in prison. Many homosexual Syrians flee their country to Europe, with most going to Germany. However, many other Syrians have also taken refuge in Germany and they bring their values and opinions with them about homosexuality. This led to problems for these LGBT Syrian refugees, especially when violence started to occur in refugee camps. Most of these violent cases against LGBT refugees go unreported, however, the problem became so serious that Berlin opened Germany’s first major gay refugee center. There is space for more than 120 people who are within the LGBT community.

In the past, there have also been problems for LGBT people within Uganda. In 2014, an anti-homosexuality act was passed in Uganda which caused many LGBT people to flee the country. The legislative act included the following “crimes” and what the punishment was for these “criminals”:

  • Life imprisonment for gay sex, including oral sex
  • Life imprisonment for “aggravated homosexuality” which included sex with a minor or while being HIV-positive
  • Life imprisonment for living in a same-sex marriage
  • 7 years of imprisonment for “attempting to commit homosexuality”
  • 5-7 years of imprisonment, a €50.000 fine, or both, for the promotion of homosexuality
  • Cancellation of certificates of registration for businesses or non-governmental organizations found guilty for promoting homosexuality
  • 7 years of imprisonment for directors of businesses or organizations who promote homosexuality

Shortly after the act was put into place, it received criticism from many countries. The United States decided to respond to Uganda’s anti-homosexuality act by denying entry into the U.S. for some Ugandan officials who were known as violators of LGBT people’s human rights.

The act was quickly annulled, however, anti-homosexual opinions still exist today within Uganda. Some activists have estimated that there are around 500 homosexual Ugandans seeking asylum in Kenya. According to a U.S. State Department official, “It is difficult to estimate the number of LBGT individuals who have fled Uganda for the neighboring countries, as Ugandans are able to move freely within the East Africa community.” However, there have been many accounts of homosexual people in Uganda being killed by other citizens within the community. Ugandan LGBT people are still fleeing to other countries, Kenya number one.

Many organizations have arose to help these LGBT refugees from Syria, Uganda, and other countries. The Organization for Refuge, Asylum, and Migration (ORAM), for example, is a San Francisco, USA based non-profit organization that reaches out to LGBT refugees who escaped to Turkey. Staff located in Turkey reach out to LGBT refugees there and help them with processing their visa applications for the U.S.

The Jewish Family and Community Services (JFCS) is another non-profit dedicated to helping LGBT refugees. They have a resettlement program that has resettled and assisted around 60 LGBT refugees and asylum seekers since 2011. This group has helped these people by supplying counseling programs, temporary housing with a host family, and legal support.

The U.S. is also a country that has promoted the human rights of LGBT people across the world. In 2014, for example, the U.S. State Department sponsored a counter-hate crimes training for law enforcement officials within Colombia, El Salvador, Guatemala, Haiti, Honduras, Jamaica, and Mexico. The U.S. State Department also supported the Violent Crimes Task Force in Honduras that investigates and supports the prosecution of homicide cases with LGBT people. These countries were chosen because at least 594 LGBT persons were estimated to have been killed in the Americas between January 2013 and March 2014. Around 176 people were also seriously assaulted, according to research by the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR). On June 24, 2014, the White House in the U.S. hosted the world’s first Global Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender (LGBT) Human Rights Forum.

In the future, more countries must support these LGBT refugees and the UN must take more action against countries that have anti-homosexuality laws in place, like Uganda did in 2014. LGBT people must be able to have basic human rights across the world.